Y tu, ¿ llenas tu vida de optimismo ?

Tener ilusión y ponerle al mal tiempo buena cara, a eso se le llama optimismo, elígelo como el propósito saludable del año porque nuestro organismo se beneficia y mucho de una actitud vital positiva.

Ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, a pesar de la crisis, los problemas y las preocupaciones, no solo hará tu vida ( y la de los demás) feliz y agradable.Además, será un plus para tu salud. Afrontar los obstáculos del día a día sin hacer una montaña de un grano de arena permite disminuir el estrés, estimula el sistema inmunitario y las zonas del cerebro implicadas en la percepción del dolor se muestran menos activas.Los optimistas viven más. Y no es hablar por hablar. Los estudios lo confirman: científicos de la Escuela Albert Einstein de Medicina de la Universidad Yeshiva (EE:UU), llevaron a cabo un análisis conocido como Proyecto de Genes de la Longevidad y observaron que factores de personalidad como ser optimista, tolerante o extrovertido, desempeñan un papel fundamental para alargar la vida. Otras investigaciones en Japón y Suecia llegaron a las mismas conclusiones.

¿Quieres saber cuáles son los beneficios demostrados de una actitud positiva en nuestra salud?

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Los optimistas envejecen mejor

Y no solo viven más años, sino que además disfrutan de una calidad de vida más elevada. Según una investigación publicada en la revista Canadian Medical Association Journal, quienes disfrutan de su día a día se mantienen en mejor forma física que sus alicaídos coetáneos. Los investigadores realizaron un seguimiento a más de 3.000 personas entre 60 y 90 años, midiento la destreza con la que desempeñaban rutinas cotidianas como levantarse de la cama, vestirse, ducharse y observando su modo de caminar ( que es un indicador de futuros transtornos neurológicos). Los resultados indicaron que la ilusión por la vida garantiza una mayor independencia en las actividades diarias en la vejez, así como un deterioro mucho más lento del estado físico.

Refuerza el sistema inmunitario

Dicho de otro modo: los pensamientos negativos y la actitud derrotista debilitan nuestras defensas, nos hacen más vulnerables y nos regalan papeletas para ponernos enfermos. “Una persona pesimista ve la vida de manera más estresante, produce más esteroides y tiene más infecciones que alguien alegre”, argumenta el biólogo Gregory Winter y el patólogo Richard Lerner, que recibieron el Príncipe de Asturias de investigación científica.

El estrés libera hormonas, como los corticoesteroides o las catecolaminas, que inhiben la acción de los anticuerpos y, por tanto, debilitan las defensas. En cambio, cuando estamos serenos, felices y descansamos bien, las funciones inmunológicas se refuerzan. Con un sueño reparador, segregamos gran cantidad de melatonina, que interviene en multitud de procesos bioquímicos reforzando la respuesta inmune. Y no es que los optimistas no tengan estrés, pero lo gestionan mejor, son más resolutivos y más capaces de sobreponerse a las adversidades.

El corazón late más sano

Un estudio de la Escuela Pública de Salud de Harvard ( EE.UU) demuestra que ciertos aspectos psicológicos disminuyen notablemente las probabilidades de sufrir infartos y otros accidentes cardiovasculares. “Hemos visto que factores como la felicidad o la satisfacción con la propia vida reducen el riesgo de enfermedades del corazón, independientemente de caracacterísticas como la edad, el nivel socioeconómico o el peso”, expone Julia Bohem, una de las autoras de la investigación. Además, los optimistas tienen mayores niveles de colesterol bueno y más bajos los de triglicéridos, suelen tener menor presión sanguínea y un peso corporal normal. ¿ Que cómo se explica ? Los resultados muestran que, en general, las personas que se sienten satisfechas con su vida también tienen a adoptar hábitos más saludables: practican ejercicio regular, siguen una dieta saludable y duermen a pierna suelta.

Reduce el dolor

La buena disposición de ánimo ante el dolor puede funcionar como un potente analgésico. “Las expectativas tienen un efecto sorprendentemente grande sobre el dolor. Hemos observado que las expectativas positivas producían en torno a un 28% de disminución en la intensidad del dolor, equivalente a una inyección de morfina”, señala Tetsuo Koyama, del departamento de Neurobiología de la Universidad Wake Forest ( EE.UU). Los resultados de sus investigaciones sugieren un mecanismo neurológico que puede, en parte, explicar el impacto positivo del optimismo en las enfermedades crónicas. ” El dolor necesita tratarse con algo más que píldoras. El cerebro puede configurar poderosamente el dolor, y necesitamos explotar este poder”, concluye Coghill.

Ahuyenta a la depresión

Al menos en niños y adolescentes. Promover en ellos el pensamiento positivo y la aceptación de sí mismos es crucial para su salud y bienestar físico y mental. Los que tienen un punto de vista optimista son menos propensos a sufrir problemas emocionales, a caer en el abuso de sustancias; a desarrollar comportamientos antisociales y síntomas de ansiedad y depresión.

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